14 jul. 2010

Perfectos impares

Me absorbe el calor entre los trenes y el tiempo asfixiado en los carteles metálicos de esta estación. Sigo sin pestañear mientras los colores empiezan a oxidarse y todo se vuelve sepia y triste canción en silencio.

Me quema tu mirada desde el vapor dorado de mis entrañas, me quedo inmóvil en este abdomen de hierro y colillas mientras sigues bailando y te alejas. El sopor se posa en mi piel y no siento la ropa, me fundo con el espacio caliente de la ciudad.

Espero...espero otro tren implosivo de segundo repetidos, de cartuchos de pólvora seca e historias que se derraman sobre las vías. Espero y tú acompañas mi tiempo lento, el ritmo cansado de mi respiración que no se aleja de mi boca. Tú y tu recuerdo anónimo, tú y tu historia imaginada entre mis ojos imposibles, tú y tu existencia que no existe salvo en mis dedos.

El aire pesado aplasta los latidos poderosos del hormigón y la grava caliente, somos extraños en el andén, cuerpos ajenos a la vida que nos envuelve e impulsa, tan desconocidos como tú y como yo, tan perfectos impares que nunca nos tocamos. Y con el ruido vibrante y sudoroso del tren te pierdes sin que yo pueda remediarlo.

Y otra vez tu imagen marchita se consume en el calor del andén número dos mientras yo me alejo, y otra vez tu recuerdo tirado igual que se me me muere mi imaginación.

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