27 jul. 2010

Vacaciones de verano

Puede que me quede atrás, puede que cierre los ojos y deje que el sol pudra mis recuerdos. Puede que me detenga sin más, mientras el polvo se pega en las paredes de mi garganta. Puede que me olvidé de tus labios anónimos y verdaderos, puede que incluso renuncie a soñar esta noche contigo...

Y puede que el viento atraviese mi piel y llegué hasta mis venas desconsoladas. Entonces, sólo entonces, puede que el susurro de tu voz aparezca incluso cuando abro los ojos y que tus manos sean tan reales como mis manos. Entonces puede que la vida vuelva a coger ritmo. Entonces puede que la tinta de mis versos vuelva a hacerse húmeda y cubra mis pupilas de nuevo. Puede que tu voz caliente mis pulmones e incluso puede que con un beso los trenes lleguen otra vez a tiempo.

Y tu cuerpo me recuerda lo imperfectos que son mis sueños. Rápidos como los castillos de arena, tan rápidos como la rabia en cada lágrima. Y tu cuerpo vuelve a despertarme y me empuja fuera del calor de este papel pintado. Y otra vez tu cuerpo me recuerda que puede llegar el día en que nos miremos y no nos descubramos.

Camina, sigue caminando. Cuando vuelvas te buscaré. Y si no te encuentro te seguiré buscando.

25 jul. 2010

En cada espejo

No soy capaz de entender lo que escribo cuando escribo sobre ti. Ni siquiera acierto a averiguar donde acaban estas palabras, se esfuman. Se esfuman como la lógica en una metáfora, se pierden como la rima desacertada y siempre apareces al final de cada oración intacto.

Apareces mirándome a la cara y me recuerdas los recuerdos olvidados. No te importa y me escupes a los ojos ese beso de verano, el deseo inmaculado, el primer verso y el último pecado. No temes la resaca de mis pupilas cada vez que apareces en mis sueños en forma de Buenos Aires nublado, en días de calor eterno, en ese primer rostro que detuvo el mundo y en mi deseo por volver a pararlo.

Porque tú eres la persecución infinita, la perfección malograda de un sueño inacabado. Tú eres la primera cita y el primer café, la conversación de madrugada, las ganas de crecer, eres la lógica destartalada, eres el sabor del placer. Porque eres roma en cada espejo, una historia de vagón de tren. Un nuevo giro en la mirada, un corazón que explota al correr.

Cada foto escondida en el fondo de un libro, cada carta sin leer, eres el fracaso sin motivo, el motivo para volver a creer. Cada segundo frente a su cuerpo, cada segundo de después, eres el tiempo sin pasar lento, eres dolor casi sin doler.

Y frente al blanco de tus ojos, me inmolo contra este papel. No temo tus caprichos, no tengo miedo a perder. Y frente a tu reflejo de humo me río y no paro de leer, "que si te quedas me quedo, que si te marchas, seguro..., seguro que vas a volver".

En blanco

En un sonido vibrante apareces como un reflejo azul. En un sonido vibrante apareces y el aire que me sostiene se vuelve nervio y temblor.

Contar hasta tres y bucear bajo los rayos de luz de esta mañana infantil, dejarse llevar y escribir hasta la frontera de tus labios. Dejarse llevar y vivir.

Vivir cada frágil fragmento del pasado, cada gota de aceite sobre un charco de vapor y olores coloreados. Sentir tu pulso, notar cada golpe de sangre y oxígeno excavando bajo mi piel. Respirar y ser uno, ser uno hasta el final.

En un sonido vibrante apareces como un reflejo azul. En un sonido vibrante me ciegas y el tacto de tu aliento despista mis pasos. Perdido, olvidado, corrompido, y entonces llegó un verso triste, y la que se durmió con la pena fuiste tú.

20 jul. 2010

ANTE MERÍDIEM

A la una de la mañana pasa la bruja del miedo por la ventana.
A la una de la mañana mi poesía se ahoga entre las sábanas y se escapa.
A la una de la mañana mis sueños y los tuyos.
A la una de la mañana pasó la una de la mañana.
Mis dedos y los tuyos, a la una de la mañana.

A la una de la mañana la oscuridad se enfría en el fuego.
A la una de la mañana un espasmo.
A la una de la mañana tú cuerpo se deshace.
A la una de la mañana no hay más tiempo.
Y el tiempo no pasa, nunca pasa el tiempo a la una de la mañana.

16 jul. 2010

El límite y el mercurio

Cada gota de silencio flota en el espacio acuoso de dos parejas de pupilas que se consumen con impaciencia. Se murió el tiempo, se paralizaron los sentidos, los momentos se convirtieron el bloques sólidos que se quiebran al golpear contra el suelo. No existe nada, y sólo existe la nada en las palabras huecas de la prisa del mes de noviembre.

Cada movimiento se convirtió en el mercurio líquido que refleja la agonía de los recuerdos, cada movimiento se hizo humo y el humo se inmoló contra un paladar de palabras consumidas. Los dedos fueron la frontera de mi piel contra la tuya, el punto de máximo deseo olvidado. Y tus labios eclipsaron los reproches de la tinta en el papel, los versos se volaron, volaron los besos y la vida quedó reducida a dos cuerpos empapados de miedo.

Fue entonces cuando cada latido hizo daño, fue entonces cuando la sangre se evaporó y la lágrimas quedaron atrapadas en un desierto de piel y fuego. Entonces la noche fue larga y pesada, y los sueños fueron sueños olvidados. Entonces mi alma se estrangulaba con cada palabra, fue entonces cuando mi vida no era tu vida.

15 jul. 2010

Neón verde

Rompe con la noche plagada de flashes de colores, rompe con los cristales vidriosos de tus miradas inocentes, rompe, rompe con los miedos y vuela sólo como tú puedes ser capaz de volar.

Estrella una carcajada contra la preocupación mientras la vida entra por tu venas como un caballo desbocado lleno de oxígeno azul y violeta. Consume cada segundo con tanta fuerza que los objetos que te rodean empiecen a vibrar mientras tu cuerpo explota en un universo diluido de colores encolerizados. Tiñe tu tiempo de verde neón y consume las ganas de lo nuevo, bebe de la experiencia remota, del grito desvergonzado de la osadía, aspira el humo de la ilusión porque esta es tu oportunidad.

Dispara la bala de la madrugada contra el sol insolente, contra la redención macabra de las nubes líquidas y salta tan alto como te permitan tus pies, salta hasta que no haya regreso a la normalidad.

Porque tú eres la bandera de la valentía, la cara del amor. Irene de ojos brillantes lo tienes todo y no lo olvidas, eres fortuna y esfuerzo, tienes el ritmo de mi canción.


(Dedicado a mi amiga Irene Vega, América se le queda pequeña)

14 jul. 2010

Perfectos impares

Me absorbe el calor entre los trenes y el tiempo asfixiado en los carteles metálicos de esta estación. Sigo sin pestañear mientras los colores empiezan a oxidarse y todo se vuelve sepia y triste canción en silencio.

Me quema tu mirada desde el vapor dorado de mis entrañas, me quedo inmóvil en este abdomen de hierro y colillas mientras sigues bailando y te alejas. El sopor se posa en mi piel y no siento la ropa, me fundo con el espacio caliente de la ciudad.

Espero...espero otro tren implosivo de segundo repetidos, de cartuchos de pólvora seca e historias que se derraman sobre las vías. Espero y tú acompañas mi tiempo lento, el ritmo cansado de mi respiración que no se aleja de mi boca. Tú y tu recuerdo anónimo, tú y tu historia imaginada entre mis ojos imposibles, tú y tu existencia que no existe salvo en mis dedos.

El aire pesado aplasta los latidos poderosos del hormigón y la grava caliente, somos extraños en el andén, cuerpos ajenos a la vida que nos envuelve e impulsa, tan desconocidos como tú y como yo, tan perfectos impares que nunca nos tocamos. Y con el ruido vibrante y sudoroso del tren te pierdes sin que yo pueda remediarlo.

Y otra vez tu imagen marchita se consume en el calor del andén número dos mientras yo me alejo, y otra vez tu recuerdo tirado igual que se me me muere mi imaginación.