28 abr. 2011

Lluvia repentina

Nunca he sido bueno en esto de elegir el momento para no dejar de ver el color de tus fotos. El intento de un "no quiero", que siempre se convierte en un "nunca pasará una próxima vez...", me persigue por cada una de las cuatro esquinas de mi cuarto a oscuras.

No, tampoco soy perfecto conquistando el terreno de tus recuerdos, ocupando el oxígeno que respiras, distrayendo tu despistada distracción con los juegos malabares del viento, siendo la lluvia repentina que te hace mirar al cielo y abrir la boca.

Y quizás, es que nada es porque nada ha de ser después de que nada viniera esta noche a vernos. Y puede que tenga razón el silencio de la canción, o incluso el sonido de nuestro propio silencio. Y es que puede ser que no haya luz detrás de estas persianas que condensan el tiempo lento que nunca hubimos de tener. Y quizás es que todo carece de sentido porque sólo una noche tuvo sentido después de aquella sensación de conocernos sin conocernos...

Es cierto, no voy a negarlo, no te digo la verdad cada vez que digo que no te estoy mintiendo. Y como siempre me volveré a perder entre la gente una noche más, y como siempre tu mano no volverá a coger la mía y mis dedos jugarán con aquella amarga sensación de ganarle el pulso a tus dedos.

Y como siempre...nunca volverá a ser ayer. Porque nunca ha sido siempre, porque siempre es siempre nunca...Y yo seguiré sentado al borde del camino viendo pasar mis pasos, esperando el tiempo de los recuerdos, soñando con que se cumpla lo pasado...pero como siempre, nunca ha sido siempre...y tus ojos se fueron, y mis labios se han secado.

16 abr. 2011

A ciegas

Noventa y tres, no se detiene, no puede parar. Noventa y tres espera los sofocos del verano, los amores enamorados, las ganas suicidas de un beso en el mar.

Noventa y tres nunca será un paseo bajo la noche, las risas dentro de un coche, el cigarro apagado que nunca se debe fumar.

Noventa y tres son dos vuelta en el cielo, el final mentiroso y sincero, la letra vagabunda de un verso caprichoso que siempre quiere ser impar.

Noventa y tres es otra excusa cualquiera, otra verdad verdadera, el mismo comienzo que no sabe cómo acabar.

Patadas al aire

No escribo aunque quiera, porque quiero, pero no escribo, y aunque quisiera y escribiera, no escribo por más que quiera. Y quiero creer que escribo, aunque escriba lo que no quiera, pero no quiero lo que escribo, porque nunca escribo siempre que quiera...

10 abr. 2011

Seiscientoscuatromilochocientos.

Una, dos y tres...abre la puerta e inspira una bocanada de ruido y cristales...cierra los ojos y tropieza con los escombros de la noche temprana...cierra los ojos y el tiempo se le escapa entre los dedos sin poder arañar el escalofrío de las horas en punto...cierra los ojos y todo se detiene...

Una, dos y tres...golpea latidos de tinta contra la carcajada entristecida de sus días...cierra los ojos y escucha la música de una vida ajena...cierra los ojos y se pierde...cierra los ojos y dibuja una sonrisa de papel bajo la luna de humo de la noche en vela...

Una, dos y tres...pierde el recuerdo en un taxi afortunado....cierra los ojos y el calor húmedo de la madrugada golpea contra su sangre...cierra los ojos y se ríe...cierra los ojos y el final no se cansa...

Una, dos y tres...despierta en un sueño que no le permite dormir...cierra los ojos...cierra sus ojos...ahora te ven.