26 oct. 2010

Sentimiento que no siente

Viejita, cómo se te han ido escapando los días casi en un susurro de silencio, tan poco a poco viejita. Se te marchitaron los rezos, se murieron entre tus ojos y dejaron a tus dedos huérfanos de historias que acariciar. Viejita tú no te acuerdas pero...¡cómo acariciabas el viento con tus dedos!
Y se te murió la muerte, pasó de largo y no quiso llevarte ni tenerte, te dejó, te dejó viejita, sola y sin el aire del tiempo para respirar.
Después de toda una vida, trepando cada uno de los inviernos, ¿dónde están viejita los caballos que galopaban por tu melena? Se fueron, viejita se fueron corriendo detrás del polvo que dejó el rastro de tus miedos. Y no quedó nada más, sólo había labios donde un día ardieron besos, sólo quedaba huesos cubiertos por un manto de surcos erosionados, no quedó más que el silencio atronador del propio silencio.
Sola con tu cuerpo, sola cuando la noche cayó y te invitó a seguir latiendo bajo un sueño que sueña sin remedio. Sola, tan sola viejita que el dolor se durmió debajo de tus uñas y las lágrimas se secaron como se te secó el deseo.
Y se te escapó el llanto amargo y no fuiste nunca más tú, sino la sombra de una infancia sin juegos.
Y no fuiste nunca más tú, te marchaste viejita, te marchaste sin hacerlo, como un fantasma fatigado, como la voz que anhela su alma, te marchaste viejita, igual que un recuerdo que no tiene dueño.

(Dedicado a mi abuela Valentina. "Duerme tus recuerdos para despertar los míos...")

No te vuelve a amar

Estos labios no te sellan más noches,
este perro no se vuelve a pasear.
Este parking se quedó sin coches,
estos coches se quedaron sin aparcar.
Este hombre no te hace más reproches,
estos mudos ya no tienen de qué hablar.
Esta escena no crea más actores,
estas rimas no se vuelven a quemar.
Este ciego no te vende más cupones,
este amor de destiempo no te vuelve a amar.

(Septiembre de 04 - A J.S porque con el tiempo sólo empeoró su voz)

21 oct. 2010

Ícaro

Siempre has mirado hacia arriba, como si el cielo fuera el lienzo donde pintar el rastro de tus sueños. Más allá de la luz, más alto incluso de lo que puede perseguirte el miedo.

Lejos, siempre lejos, estrellando tus pensamientos contra un azul eterno, hasta rozar el sol con tu ambición inconsolable, hasta morir estrellado contra el océano guerrero.

Y todo empieza ahí, en el espacio suspendido donde se inventan los retos, mientras tu voz no deja de gritarte… “volar, es la única dirección, volar o morir en el intento”.

Con ¿ de interrogación

Es algo fijo, un enfoque perfecto entre los dedos de mis pupilas. Exacto, tan exacto como el latir del viento sobre el invierno.

Es algo extraño, desconocido como la rabia que choca contra el hielo. Extravagante como la pericia de la noche sobre el filo del deseo.

Es algo bello, como tus labios escondidos entre mis versos. Precioso como el último minuto que nunca tuvimos y que siempre nos deberemos.

Es algo eterno, como la lluvia y los recuerdos. Inagotable como la esperanza de los tontos sin tiempo para irse muriendo de miedo.

Es algo. ¡Qué sé yo qué es! Yo no soy el que tengo que entenderlo. Para eso están las canciones, los libros, los veranos y tus besos.

Dirección

Miro hacia atrás y no veo la distancia que separa el invierno acalorado de este frío veraniego. Me revuelvo, me revuelvo hasta perder el control de cada una de mis extremidades y en una metamorfosis entre segundos y recuerdos, mi mente se mezcla en un blanco roto y manchado por la tinta de mis versos.

Y mi cuerpo no es más mi cuerpo, mientras me fundo con el pulso de mi colchón, mientras mis pupilas se pierden en el desierto. Ahogado, sumergido en mi propio aliento. Retorcido en cada canción, indefenso en cada comienzo.

Pero no tengo miedo, porque todo eso ocurre atrás, donde no haz luz ni fuego. Delante estás tú, delante están mis sueños. Como nubes de gas azul, como peldaños hacia un salto sin miedo. Y delante están tus ojos, y delante está tu cuerpo, mientras mis labios buscan mil maneras de decir sin decirte mil veces...te quiero.

17 oct. 2010

Color

El lugar que habito se esconde en la geografía de una altura cromática.

Abajo están sus casas, casas entre pendientes, gatos y ventanas. Ventanas abiertas donde se acumulan los recuerdos de mi infancia acalorada. Casas con olor a demolición, con aroma a una perturbada poesía que besaba una piel tostada. Hogar de acordes, de palabras y tiempo muerto al calor del frío sentimiento de no poder hacer nada más, que nada.
Lejos, lejos de todo aquello quedan sus colinas, flaqueando mis sueños con cabellos de tierra rubia y polvorosa. Un camino que impide mi ascenso, que retrasa lo que tantas veces intenté cumplir y nunca lograba. Terreno que seca mi garganta y humedece mis pupilas que buscan aire gris, aire azul y helado, mezclado con la sal de mi sudor y la arena entre mis pestañas.

Arriba, al final del ascenso polvoriento está la atmósfera gris, esa atmósfera helada, con su océano violento, cada vez más cerca, con su azul eléctrico, al final de aquella carretera mojada. Carretera que camino, mientras los átomos de agua se pegan entre mis palabras. Serpiente oscura de silencio y al fondo, sus siluetas recortadas. Siluetas de una formación de deseos que arrasan mi camino con silencio en la mirada. Son ellas, todas y cada una, caminando deprisa, atravesando mi ilusión con impares puñales de venganza.

Y al final de todo, al final están las olas enredadas, el océano. Al final de todo siempre está el agua. Veo tus ojos, y beso tu espalda, mientras mis pies se hunden en la arena, mientras mi cuerpo no es nunca más nada. Y entonces vuelo, vuelo sobre las olas y el aire gris se clava en mi cara. Y entonces vuelo, y te toco, como algo que está más allá, como algo que no existe si no se le habla. En lo más alto del azul olvidado, en lo más profundo del sueño de mi alma. Entonces vuelo y ahí estás tú, en un mundo viejo, entre el temblor de mis sábanas...


Desde la ventana

He soñado con el océano azul, tan azul que su frío era tenebroso y encendía el color de la arena húmeda que se posaba al final de su falda. He soñado que volaba sobre sus olas de espuma tranquila, como si no existiera aire entre mi piel y su piel de agua. Volando sobre sobre ese espejo eterno hasta llegar a una carretera de asfalto oscuro donde mi caminar se chocaba con grupos de mujeres calladas que me atravesaban como filos de metal helado y silencioso. Y al final de esa carretera, al final, he soñado con otro camino de polvo seco y quemado que me empujaba terraplén por terraplén hasta el hogar desdibujado, hasta los recuerdos de una infancia canina golpeada por piedras y gatos.

Esta es la prueba de mi sueño, la parcela de mundo donde no quiero dejar de vivir, mi realidad, mi aliento. Una nueva página sobre la que dormir.

8 oct. 2010

Escalofrío

Vibraron, yo las vi. En el aire transparente de la mañana sentí las ondas del viento imperfecto, vibrando sobre tu cuerpo. Tan cerca de tu piel, casi tocando tus labios, pero vibraron constantes sin rozarte. Vibraron al compás de la guitarra, vibraron como puro sentimiento, haciéndote volar, hundiéndote en el azul del cielo.

Y tus ojos. Tus ojos también vieron los acordes brujos y aterciopelados de las canciones que dibujaban tu rostro empapado bajo la lluvia, tu pelo sobre mis párpados, tus dedos entre mis dedos. Sin colores para aliviarnos, juntos en un sueño en blanco y negro que se repite mecánicamente en forma de ondas sobre el invierno.

Vibraron y con ellas vibraron los recuerdos. Como naipes descolgados, como lágrimas sin consuelo vibraron las palabras con amor, los amores en silencio.

Vibraron, yo las vi, vibrando sobre tu cuerpo. Como si no pudieran tocarte, como si no les pesara el tiempo.

6 oct. 2010

Platón y el parque de los suspiros

Voy a pensar lo que digo, para decir sin pensar todo lo que pienso, pero que luego nunca te lo digo. Nunca te digo que si hoy fueras tú quien me mirases, mañana sería una promesa para toda la vida. Que si tú me miras vuelo, que si tú me miras tiro todos estos sueños al contenedor más cercano y me quedo con tus manos y tu pelo.

Y por eso voy a pensar lo que haría, para hacer sin pensar todo lo que quiero hacer contigo. Porque si tú me miras me rompo los dientes, me rapo hasta la frente y me entierro dentro de tu ombligo. Porque si tú me miras vendo mis palabras bonitas y las cambio por acordes de canciones que te hagan sonreír. Porque si me miras te compongo una canción, un cuento y hasta un poema bonito, de esos que empiezan con amor y terminan con silbidos.

Por todo y por todo eso, hoy voy a pensar lo que escribo, para decirte que hoy no he pensado en qué decirte si te encontraras un rato conmigo. Porque me has vuelto loco otra vez, porque quiero pasear por el parque contigo, para decirte sin pensar, todo lo que un día pensé y no te dije al oído.

On the road

Son golpes de luz. Uno, dos, tres...uno, dos, tres... Un ritmo eterno y desequilibrado sobre el sonido del espacio.

Son sabores del aire. Siempre juegan a retorcerse en el paladar de las pupilas escondidas tras el cristal de las ventanas.

Una canción. Otra. Una canción y después una carcajada. Es el temblor desgastado de los pensamientos esparcidos sobre la calzada.

Es el camino perdido, la montaña escondida bajo el agua. El frío y el sol perpetuo. Son las nubes solitarias.

La anatomía desmembrada del paisaje tras el mecánico encuadre de la mirada. Es el sonido del corazón sobre los pulsos de mis palabras.

Camino siempre camino, refugio de lágrimas desgastadas.

(Dedicado a mis amigos Felipe García y Carlos Pizarro. Por otro viaje sin retorno)