31 dic. 2010

La espiral de la cigüeña

No escribo para mirar atrás en el suspiro impar del último segundo. No escribo para recordar lo que no puede volver a ser olvidado, hoy escribo, por las alas que me crecen, por los retos que me invento, por las huellas sobre el hielo, escribo por los ojos implacables como la rabia del mar.

Hoy me olvido de los sueños de colores, de las noches sin horario, de las cuentas sin saldar. Hoy le vendo mi pasión a mis pasiones, mi amor a tus amores, toda mi fuerza a mis ganas de volar. Hoy le guiño un ojo a la tinta desteñida, a lo que nunca cambia porque nunca tiene que cambiar, a los viajes encantados, a los gritos de los acantilados, a las carcajadas que nunca se vuelven estatuas de sal.

Hoy mi letra para los recuerdos olvidados de mi viejita, para el amor enamorado, hoy mi pulso para nunca aprender como se aprende a ganar.

Porque no escribo por los incendios en las estaciones, por los calores sofocados, por todo lo pasado que no volvería nunca a pasar. Hoy no es momento de conclusiones, ni respuestas, ni peticiones. Hoy todo es salto, suspiro, la fuerza del sueño y echarse a volar...

20 dic. 2010

Dos osos polares

Siempre voy a tenerte que agradecer las palabras con las que cubrías la oscuridad de mi cuarto cada madrugada perdida en los meses congelados. La mano sobre la mano, los labios sobre los labios. Te debo la carcajada que me arrancaste en el paréntesis de lo inesperado con una mirada que no dejaba de brillar, mientras hablabas con preguntas, siempre que tenías ganas de hablar sin pensar en lo que habías preguntado.

Y siempre serás el tiempo continuo, la protección, el final y el principio de todo aquello nunca llega a considerarse acabado. Serás la fotografía de mis días, el color de los recuerdos y la rabia con la que la piel desgarra la piel.

Lento, en un enfoque lento y pausado, sin saber cómo te habrás convertido en el sueño infinito de un par de pupilas asustadas, en el aliento indispensable, en el sabor salado de aquellas lágrimas que sin llegar, un días recordarás que me provocabas.

Al final de camino tus huellas y las mías sobre el hielo quebradizo de la añoranza. Juntos, como si nunca hubiésemos sido dos desconocidos sobre esta superficie aterciopelada. Juntos en el final del abrazo, en el principio del beso, en la caricia de las pestañas. Juntos, como si no hubieses existido nunca fuera del sueño más profundo de mi alma.


(18-12-2010, "en el sueño más profundo, de lo más profundo de mi alma")

10 dic. 2010

El desvelo de Clotaldo

Tengo una duda que duda de todo, que no sabe si lo que veo es lo que toco, si lo que toco es lo que tengo, si tengo lo que merezco y si merezco todo aquello que veo sin dudar cuando dudo de lo que veo. Dudo de los labios que no fueron labios si se acaban donde empiezan y siempre empiezan donde acaban los besos. Y dudo de los ojos que sin mirar se miran, que consumen paladas del tiempo sin ninguna otra intención que no buscarle explicación al hecho de mirarse sólo por mirarse en el silencio.

Dudo de esta improvisada improvisación que no deja de salir al paso con estos retazos de tinta líquida que convierte en pedazos la irracional tristeza de la mismísima razón. Dudo del cabello y su olor que se apaga con el viento, dudo de tus dedos afilados por calor de un frío helado que se hierve y se congela a su alrededor. Y dudo de la voz íntima de las más pura de las almas, de las palabras en verso, dudo de las despedidas clandestinas en las esquinas de la madrugada, dudo de las promesas prometidas, de las verdades ofendidas, dudo de las dudas descorazonadas.

Y dudo porque no sé si dudo. Dudo porque vivo cuando sueño, porque dudo si es la vida sueño y si dudo cuando los sueños se hacen sueños. Y dudo porque no sé cómo pude dudar del olor de tu cabello, de la tinta improvisada y del silencio de mis versos. Dudo por la duda congelada del calor helado de tus dedos, por las promesas insomnes en la noche, dudo por la duda extraviada en la frontera de tus besos.

Y en esta duda dudosa, estrello mis alas contra los sueños. Porque la página se acaba, porque no queda más aire en el tintero. Y en esta duda dudosa, no sé si vivo o duermo...porque es la vida, vida, porque es la duda, sueño.

9 dic. 2010

Bostezo

Hoy amanecí con los sueños ligeros, con el espíritu viajero de un verso que zozobra en la mancha blanca de la improvisación. Me desperté con el recuerdo más fiero, desvelado por el sudor de un minutero que sudaba gotas de prisa y de desesperación.

Hoy perdí el color de los tejados, el ritmo de los pedazos y el humo de la distinción. Olvidé lo que no fue recordado, recordé lo que nunca había olvidado, me perdí en el acorde equivocado de aquello que sin querer, siempre se convierte en una canción.

Y hoy fui la marchita sorpresa, la eterna promesa de viento y acción. Hoy contuve las mil lagrimas de la luz azul que guía tus noches. Acabé por prenderle fuego al propio juego de mi imaginación. Hoy me inventé y me consumí en un reproche, hoy fui y nunca más fui yo.

Tiempo pasado, latido futuro, presente de calles repletas de coches. Esta vida, esta lluvia, esta manía, este miedo, este consuelo, esta duda, estos besos, estas ganas, este frío...todo, hoy fui todo...Mientras la culpa perdona al perdón.

6 dic. 2010

Aceras mojadas

Si me dejaras volvería a escribir otra vez la misma canción. Aquella en la que me enfrento al blanco violento con puñetazos de tinta salada, con letras arrasadas por tus ojos, con todo lo que no te supe decir.

Si me dejaras volvería a seguir las huellas de este invierno hasta los días donde tu recuerdo se me deshacía entre los vapores de una estación, entre trenes arrojados a la rutina abrasadora, entre cigarros, copas y los besos que nunca fueron tuyos.

Si me dejaras volvería a usar el verbo volver cada 9 de noviembre, en cada segundo que no existe, en cada fracción de aliento que nos separa, en la noche en la que dejamos de ser, en la tarde en la que la lluvia borró tus palabras.

Si me dejaras volvería a ser el verso acostumbrado a volar entre las escaleras, aquel sueño de color que nunca se acaba, el frío de las escamas del nervio sobre tus dedos, el calor de las gotas de agua sobre mi piel mojada.

Si me dejaras volvería a desaparecer mil veces para otras mil veces volver a aparecer, en cada escalofrío del miedo, en el rincón de cada amanecer, en el silencio de esta madrugada.

Y si me dejaras, si me dejaras, te volvería a pedir que no te fueras aunque te marcharas, que, al menos, te dejaras una razón tirada con la que esconder la costumbre de tus palabras, la necesidad de tu voz, la fuerza de tu sonrisa, el latido de tu olor y el terror de no volver a ver nunca más tu mirada.