28 feb. 2012

Romancero antibiótico

Pastillas, pastillas de caldo de pollo para los virus de esta mañana. Y que se atrevan las hadas a molestar mi respiración con sus purpurinas del invierno. !No lo consentiré! Yo soy el señor de mi propio castillo de almohadas, el alquimista del calor que se congela y tirita bajo las sábanas. ¡A mi estornudos! ¡A mi batallones de legañas! Que yo soy el caballero del pañuelo, el guerrero que late bajo esta cota de manta. ¡A mi virus! ¡A mí la febril sensación de no querer hacer nada más que nada!

Y en las horas contadas, en este silencio que escapa gritando por la ventana, mi alma se me olvida, se me marchitan los ojos y mi nariz ¡por oler!, ya no huele nada. Y los tics del reloj, y los tacs de mi espalda, los vapores del salón y el silencio de la migraña.

Pastillas, ¡pastillas de caldo de pollo! Y que se atreva el mundo a cambiar de estación. ¡Yo hoy me quedo defendiendo mi salón! con mi cojín como escudo, luchando a quejido y espada. ¡Yo el caballero del efluvio, yo el héroe de la destemplanza! Hoy me quedo recostado sobre mi caballo, que mañana...mañana será mañana.

(A David Moralejo, por inspirarme en estos ratos de 23)

24 feb. 2012

18 canciones después

Llegué a la mesa de nuestro primer café con dos mil días de retraso, tú tenías las ideas revueltas y yo música entre los labios. Te marchaste, pero ya no volviste a desaparecer, luego tuvieron que pasar cuatrocientas madrugadas para conocernos entre cuatrocientas conversaciones que no se podían ver.

Después llegaron treinta mil kilómetros de desiertos de nubes y agua, la nostalgia de tu voz a la hora de comer. Las ganas de besarte guardadas en una carta, la prisas enlatadas, la prisas por volver.

Y tras el insomnio de los aeropuertos llegaron los besos y tus costillas. Mil cigarros, mil colillas, las esperas en la noche y las carreras que nunca te crees. Y pasó tu respiración debajo de las sábanas, y pasaron tus manos debajo de mi piel. Y cuando todo hubo pasado, llegaron los poemas y las canciones, los osos polares, los paseos del parque, las cuerdas de la guitarra, las aceras y las palabras, pasó todo y nada se fue.

Y con dos mil días de retraso aún me gustas cuando dices que ya nunca me crees. Y treinta mil kilómetros de adelanto y 18 canciones después, te miro, me miras y nos miramos. Nos miramos sin vernos y soñamos...¡qué bonito es cuando sueñas que me quieres volver a ver!

14 feb. 2012

La curva de la V

Valentina es una canción en los labios acalorados de una estación que se perdió entre dos otoños, el mapa sin bordes por donde doblar la siguiente página de recuerdos.

Valentina es el eco de unos dedos que juegan a rezarle a un dios misericordioso del que ella sólo se acuerda. Valentina es el nadie en pretérito imperfecto que se engancha entre los renglones de los cuentos que contaba. Una canción, Valentina es una canción escrita en do menor menos cuatro octavas.

Valentina es la luz del sol, el tiempo que se sienta a esperar en la entrada de su casa el sonido de la tormenta. Valentina es el terror de la oscuridad, el olor del fósforo contra la humedad del viento. Valentina es un año más, otros 14 golpes contra el papel de cada 14 de febrero.

La espuma del mar anónimo. Un mechón más de pelo. Valentina es valor. Otro cumpleaños feliz, sin la promesa del amor, sin la mentira de un te quiero.

[Cuando vives tanto que ves morir los recuerdos...]

8 feb. 2012

El tiempo de la ballena

No se acaba el tiempo cuando respiras con el corazón.

Es eterno, como el silencio que me proyecta en una oscuridad en calma. No se acaba el tiempo cuando el océano siempre es más rápido que la prisa. Cuando el mundo se muere allí arriba mientras que bajo este lecho de humedad y oxígeno helado, mis pensamientos se vuelven desconocidos en ese intermitente esfuerzo por mantener mis pulmones hundidos.

Soy el continuo movimiento contra el movimiento. La parábola perfecta que describe un impulso incomprensible hacia lo desconocido. Soy la fuerza de un brazo izquierdo. La ley de estos segundos que no me pertenecen antes de perderme. Soy el anónimo minúsculo de un espacio sin barreras. Soy el momento previo a la muerte. La muerte de todo momento previo a lo que nada antecede. Soy la tempestad de la calma, el remordimiento y la juventud de lo que no llega.