24 feb. 2012

18 canciones después

Llegué a la mesa de nuestro primer café con dos mil días de retraso, tú tenías las ideas revueltas y yo música entre los labios. Te marchaste, pero ya no volviste a desaparecer, luego tuvieron que pasar cuatrocientas madrugadas para conocernos entre cuatrocientas conversaciones que no se podían ver.

Después llegaron treinta mil kilómetros de desiertos de nubes y agua, la nostalgia de tu voz a la hora de comer. Las ganas de besarte guardadas en una carta, la prisas enlatadas, la prisas por volver.

Y tras el insomnio de los aeropuertos llegaron los besos y tus costillas. Mil cigarros, mil colillas, las esperas en la noche y las carreras que nunca te crees. Y pasó tu respiración debajo de las sábanas, y pasaron tus manos debajo de mi piel. Y cuando todo hubo pasado, llegaron los poemas y las canciones, los osos polares, los paseos del parque, las cuerdas de la guitarra, las aceras y las palabras, pasó todo y nada se fue.

Y con dos mil días de retraso aún me gustas cuando dices que ya nunca me crees. Y treinta mil kilómetros de adelanto y 18 canciones después, te miro, me miras y nos miramos. Nos miramos sin vernos y soñamos...¡qué bonito es cuando sueñas que me quieres volver a ver!

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