28 feb. 2012

Romancero antibiótico

Pastillas, pastillas de caldo de pollo para los virus de esta mañana. Y que se atrevan las hadas a molestar mi respiración con sus purpurinas del invierno. !No lo consentiré! Yo soy el señor de mi propio castillo de almohadas, el alquimista del calor que se congela y tirita bajo las sábanas. ¡A mi estornudos! ¡A mi batallones de legañas! Que yo soy el caballero del pañuelo, el guerrero que late bajo esta cota de manta. ¡A mi virus! ¡A mí la febril sensación de no querer hacer nada más que nada!

Y en las horas contadas, en este silencio que escapa gritando por la ventana, mi alma se me olvida, se me marchitan los ojos y mi nariz ¡por oler!, ya no huele nada. Y los tics del reloj, y los tacs de mi espalda, los vapores del salón y el silencio de la migraña.

Pastillas, ¡pastillas de caldo de pollo! Y que se atreva el mundo a cambiar de estación. ¡Yo hoy me quedo defendiendo mi salón! con mi cojín como escudo, luchando a quejido y espada. ¡Yo el caballero del efluvio, yo el héroe de la destemplanza! Hoy me quedo recostado sobre mi caballo, que mañana...mañana será mañana.

(A David Moralejo, por inspirarme en estos ratos de 23)

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