28 ago. 2009

Nicotina

El primer cigarro es atracción.
El segundo, un juego entre los dedos.
El tercero son las ansias de empezar un relato.
El cuarto cigarro es un café y un libro cerrado.
El quinto es la ventana abierta.
El sexto es desgana.
El séptimo es una conversación al teléfono.
El octavo cigarro es un polvo desenfrenado.
El noveno, las ganas de volver al octavo.
El décimo es la mitad para terminar algo.
El undécimo es la ceniza esparcida en el suelo.
El duodécimo, la desesperación frente al papel en blanco.
El décimo tercer cigarro son doce más uno.
El decimocuarto son dos acordes y otro cigarro.
El decimoquinto, el sol muriendo entre los tejados.
El decimosexto cigarro es la canción de un poeta españolizado.
El decimoséptimo es no arrepentirse de haber fumado lo fumado.
El decimoctavo es una paja en el baño.
El decimonoveno, nostalgia.
El último cigarro es una nota mental: "tengo que comprar más tabaco".

27 ago. 2009

Arena para relojes de cuerda

Todo tiene un sentido. Aunque nunca lo encontramos la primera vez que sucede, todo tiene un sentido. Es por eso que pasamos gran parte de nuestra vida coleccionando, escuchando y diciendo cosas como "eso fue en caliente", "fue sin pensarlo", "lo que pasó, pasó". Mentira, todo tiene un sentido y generalmente lo descubrimos cuando ya no tiene ningún sentido para nosotros. Entonces sólo nos queda una cura posible; atiborrarnos de píldoras de resignación a la espera de volver a cometer un error repetido.
Cada carta de amos tiene su historia de desengaño, cada beso su reproche, cada trago su miedo, cada canción tiene su recuerdo, cada recuerdo tiene su canción...
Todo tiene un sentido y sin sentido inventamos justificación y culpa para no perder el rumbo del tiempo. Por el momento, seguiré buscando el sentido de mis palabras mientras derramo la arena de mi reloj de cuerda por las aceras roidas de este Buenos Aires burlón.