31 dic. 2009

Resolviendo

Vamos a mirar hacia atrás, como siempre, a última hora y en el último momento. Vamos a mirar hacia atrás para que el tiempo no pueda reprocharnos que nos la jugó una vez más con los recuerdos. Vamos a mirar hacia atrás para no olvidarlo todo, para empaparnos con las gotas de un cielo gris que no paró de llover.

Vamos a mirar atrás para volver a acostarnos con las carcajadas de una madrugada argentina, con las tardes de domingos amargados, con los tragos imprevistos, con los aviones engañados. Hagámosle un tributo a la luna putrefacta, a los viajes con amigos, a las mentiras sin mentira y a las palabras de los besos. Vamos a mirar de costado el sufrimiento del viento helado de mis dedos, a los nervios nerviosos de las despedidas y los rencuentros, a las caras del mar, a mi corazón de invernadero.

Volvamos a decir adiós antes de decir hola de nuevo, cerremos los baúles de recuerdos y quememos los deseos olvidados que nos dieron pereza la última noche que no pasamos.

Vamos a permitir que el punto se compre un aparte, que las nubes que pasen lento y que nos corazones resistan dentro de una botella de ron. Vamos a estirar las alas y reír con lágrimas en los ojos por todo lo que tuvimos sin tener lo que quisimos.

Vamos a ser tiempo nuevo. Vamos a intentarlo, o morir en el intento.

17 dic. 2009

Pastillas para dormir cigarros para quemar

De chico le tenía miedo a las cosquillas. Todas las noches soñaba con que una anciana me perseguía por un largo pasillo y que por más que yo corriese, ella siempre acababa por atraparme y no paraba de clavarme sus dedos afilados entre mis costillas.

El tiempo borró esos sueños cansados y los sustituyó por otros cargados de agua que hacían que me despertara con los ojos empapados en lágrimas de cristal salado, sueños donde la calma de los versos que aun había de escribir me enseñaba a contar los besos que las sirenas me tiraban desde un mar negro y púrpura.

De pronto los años se fugaron con mis mejores sueños. En la oscuridad de la cama muchas noches pasé rascando y rascando y siempre acababa encontrándome con el hueso de la desesperación.

Me burlé de los cantos de cisne, arranqué el musgo naciente en las sábanas húmedas mi adolescencia, me caí de una balsa de tela y quemé las astillas de una guitarra fandanguera. Fui un tonto completo a tiempo parcial en la vida del éxito, madrugué cada madrugada y canté al amanecer con algunos gallos. Perdí la batalla del corazón contra un vaso de ron, me gané más de un bofetazo y más de un achuchón.

Ahora uso pastillas para dormir y cigarros para quemar, pañales para malcriados, reproches gastados, nudos anudados. Ahora compro caricias a peso, historias en racimos de uvas secas, ahora me toca pelar la pava al fresco de tu espalda, ahora me callo, ahora me quedo en silencio, viendo venir lo que venga, viendo pasar lo pasado.

16 dic. 2009

15 noches por minuto

Escupo contra lo más profundo de mi vientre la respiración nerviosa mientras mis manos se descontrolan buscando la ansiedad entre el aire de mis dedos.

Redacto mi despedida mordiente que no deja de perseguirme entre la cobardía del silencio que atenaza la rabia de mis quejidos, pero las palabras se borran antes de escribirse y sólo los posesivos se adueñan de una narración ingenua.

Ya no juego con fuego porque me cansé de no quemarme. Ya no sueño con callejones en noches de verano, con tu pelo, con los gatos del parque. Ya no temo a la soledad de los pasillos desolados, al azul del terciopelo azulado, ya no quiero discursos de lo que quieres, ya me aburro escribiendo lo acertado, ya me muero en un diciembre sofocado, ya me duermo pensando que has llegado.

Al final del espacio sin aire respiro, respiro y dejo que mi lengua chupe la sal que las lágrimas se dejaron en mis mejillas. Debajo de las sábanas canto canciones prohibidas junto a la luna escondida. Y dejo que el tiempo me torture clavándome alfileres dormidos. Ya se hizo tarde para todo, pronto ya no habrá más suspiros.