8 feb. 2012

El tiempo de la ballena

No se acaba el tiempo cuando respiras con el corazón.

Es eterno, como el silencio que me proyecta en una oscuridad en calma. No se acaba el tiempo cuando el océano siempre es más rápido que la prisa. Cuando el mundo se muere allí arriba mientras que bajo este lecho de humedad y oxígeno helado, mis pensamientos se vuelven desconocidos en ese intermitente esfuerzo por mantener mis pulmones hundidos.

Soy el continuo movimiento contra el movimiento. La parábola perfecta que describe un impulso incomprensible hacia lo desconocido. Soy la fuerza de un brazo izquierdo. La ley de estos segundos que no me pertenecen antes de perderme. Soy el anónimo minúsculo de un espacio sin barreras. Soy el momento previo a la muerte. La muerte de todo momento previo a lo que nada antecede. Soy la tempestad de la calma, el remordimiento y la juventud de lo que no llega.



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