16 jul. 2010

El límite y el mercurio

Cada gota de silencio flota en el espacio acuoso de dos parejas de pupilas que se consumen con impaciencia. Se murió el tiempo, se paralizaron los sentidos, los momentos se convirtieron el bloques sólidos que se quiebran al golpear contra el suelo. No existe nada, y sólo existe la nada en las palabras huecas de la prisa del mes de noviembre.

Cada movimiento se convirtió en el mercurio líquido que refleja la agonía de los recuerdos, cada movimiento se hizo humo y el humo se inmoló contra un paladar de palabras consumidas. Los dedos fueron la frontera de mi piel contra la tuya, el punto de máximo deseo olvidado. Y tus labios eclipsaron los reproches de la tinta en el papel, los versos se volaron, volaron los besos y la vida quedó reducida a dos cuerpos empapados de miedo.

Fue entonces cuando cada latido hizo daño, fue entonces cuando la sangre se evaporó y la lágrimas quedaron atrapadas en un desierto de piel y fuego. Entonces la noche fue larga y pesada, y los sueños fueron sueños olvidados. Entonces mi alma se estrangulaba con cada palabra, fue entonces cuando mi vida no era tu vida.

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