25 jul. 2010

En cada espejo

No soy capaz de entender lo que escribo cuando escribo sobre ti. Ni siquiera acierto a averiguar donde acaban estas palabras, se esfuman. Se esfuman como la lógica en una metáfora, se pierden como la rima desacertada y siempre apareces al final de cada oración intacto.

Apareces mirándome a la cara y me recuerdas los recuerdos olvidados. No te importa y me escupes a los ojos ese beso de verano, el deseo inmaculado, el primer verso y el último pecado. No temes la resaca de mis pupilas cada vez que apareces en mis sueños en forma de Buenos Aires nublado, en días de calor eterno, en ese primer rostro que detuvo el mundo y en mi deseo por volver a pararlo.

Porque tú eres la persecución infinita, la perfección malograda de un sueño inacabado. Tú eres la primera cita y el primer café, la conversación de madrugada, las ganas de crecer, eres la lógica destartalada, eres el sabor del placer. Porque eres roma en cada espejo, una historia de vagón de tren. Un nuevo giro en la mirada, un corazón que explota al correr.

Cada foto escondida en el fondo de un libro, cada carta sin leer, eres el fracaso sin motivo, el motivo para volver a creer. Cada segundo frente a su cuerpo, cada segundo de después, eres el tiempo sin pasar lento, eres dolor casi sin doler.

Y frente al blanco de tus ojos, me inmolo contra este papel. No temo tus caprichos, no tengo miedo a perder. Y frente a tu reflejo de humo me río y no paro de leer, "que si te quedas me quedo, que si te marchas, seguro..., seguro que vas a volver".

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