10 dic. 2010

El desvelo de Clotaldo

Tengo una duda que duda de todo, que no sabe si lo que veo es lo que toco, si lo que toco es lo que tengo, si tengo lo que merezco y si merezco todo aquello que veo sin dudar cuando dudo de lo que veo. Dudo de los labios que no fueron labios si se acaban donde empiezan y siempre empiezan donde acaban los besos. Y dudo de los ojos que sin mirar se miran, que consumen paladas del tiempo sin ninguna otra intención que no buscarle explicación al hecho de mirarse sólo por mirarse en el silencio.

Dudo de esta improvisada improvisación que no deja de salir al paso con estos retazos de tinta líquida que convierte en pedazos la irracional tristeza de la mismísima razón. Dudo del cabello y su olor que se apaga con el viento, dudo de tus dedos afilados por calor de un frío helado que se hierve y se congela a su alrededor. Y dudo de la voz íntima de las más pura de las almas, de las palabras en verso, dudo de las despedidas clandestinas en las esquinas de la madrugada, dudo de las promesas prometidas, de las verdades ofendidas, dudo de las dudas descorazonadas.

Y dudo porque no sé si dudo. Dudo porque vivo cuando sueño, porque dudo si es la vida sueño y si dudo cuando los sueños se hacen sueños. Y dudo porque no sé cómo pude dudar del olor de tu cabello, de la tinta improvisada y del silencio de mis versos. Dudo por la duda congelada del calor helado de tus dedos, por las promesas insomnes en la noche, dudo por la duda extraviada en la frontera de tus besos.

Y en esta duda dudosa, estrello mis alas contra los sueños. Porque la página se acaba, porque no queda más aire en el tintero. Y en esta duda dudosa, no sé si vivo o duermo...porque es la vida, vida, porque es la duda, sueño.

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