6 dic. 2010

Aceras mojadas

Si me dejaras volvería a escribir otra vez la misma canción. Aquella en la que me enfrento al blanco violento con puñetazos de tinta salada, con letras arrasadas por tus ojos, con todo lo que no te supe decir.

Si me dejaras volvería a seguir las huellas de este invierno hasta los días donde tu recuerdo se me deshacía entre los vapores de una estación, entre trenes arrojados a la rutina abrasadora, entre cigarros, copas y los besos que nunca fueron tuyos.

Si me dejaras volvería a usar el verbo volver cada 9 de noviembre, en cada segundo que no existe, en cada fracción de aliento que nos separa, en la noche en la que dejamos de ser, en la tarde en la que la lluvia borró tus palabras.

Si me dejaras volvería a ser el verso acostumbrado a volar entre las escaleras, aquel sueño de color que nunca se acaba, el frío de las escamas del nervio sobre tus dedos, el calor de las gotas de agua sobre mi piel mojada.

Si me dejaras volvería a desaparecer mil veces para otras mil veces volver a aparecer, en cada escalofrío del miedo, en el rincón de cada amanecer, en el silencio de esta madrugada.

Y si me dejaras, si me dejaras, te volvería a pedir que no te fueras aunque te marcharas, que, al menos, te dejaras una razón tirada con la que esconder la costumbre de tus palabras, la necesidad de tu voz, la fuerza de tu sonrisa, el latido de tu olor y el terror de no volver a ver nunca más tu mirada.

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