16 ene. 2010

El parque de los gatos

Es curioso como ante los ojos de la rutina la vida nos muestra espejismos de una realidad anónima que se desliza en nuestro día a día. Ese es el caso de los gatos del parque que tengo que cruzar cuando voy a clase, "son solo gatos", eso pensamos todos, sin embargo, la sencillez no reside en las cosas más banales...
"Son gatos cuyas sombras juegan a calentarse con la luz de las farolas que iluminan el césped madrugador. Gatos engullidos por la niebla que baila con los árboles, gatos señores de los bancos de madera y piedra que solivian su silueta tullida por el frío de los años. Son gatos cansados, viejos, tímidos, gatos fugaces, sucios y siempre marginados. Gatos solitarios en un mundo acelerado, gatos impotentes, rabiosos, marchitos y aquejados. Gatos de la droga, gatos lijeros como el humo de un cigarro. También hay gatos que cargan con el peso de los recuerdos que les recuerdan tiempos pasados en los que no fueron gatos viejos de gesto mudo y ojos arrasados. Hay gatos cubiertos y gatos tapados, gatos viajeros y gatos varados, gatos de vino, gatos de cigarros, gatos de invierno, gatos de verano, gatos todo el año. Gatos ninguno malo y entre ellos ninguno es bueno. Gatos del parque, de la calle, gatos del metro..."
Y camino hacia el colegio con sus miradas sobre mi cuello. Camino despacio, camino en silencio y entre los gatos uno, el más fiero, repite una y otra vez; "aunque me porte bien hoy, los perros me acabarán comiendo".
(26/06/05)

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