22 sept. 2010

Agua, sal y óxido

Sabes que existe un desconocido trazo imperfecto. Un ataque de tinta y color a un tiempo en blanco soberbio.
Te has convertido en esa improvisación descarriada, en esa idea coherente que nunca existió y que se hizo ángulo metálico entre tus dedos.
Ahora eres la antorcha encolerizada de un verso de color oxidado, el recuerdo maldito grabado en la pupila sostenida por un ritmo impar, por un impar suspiro azul y gris de mundo imaginado.
Soñaste con la naturaleza que un día murió para dejarte existir, con la forma impropia del humo opaco. Soñaste con rozar la realidad, soñaste con la luz, luz infinita hasta en tus propios sueños.
Lograste alcanzar la medida del espacio de la imaginación. Condensaste millones de gotas de luz gaseosa en una composición sin tiempo.
Dejaste de ser para volver a ser todo lo que yo no puedo; ley sobre el vacío y sobre el silencio, temor hasta del propio miedo. Pintor. Eterno en el tiempo. Futuro inacabado, pasado de recuerdos.

(A Román García Mora, por su particular imperfección a la hora de ser perfecto) 12/09/10

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