23 jun. 2010

Con puño sincero y letra clara escribo esto que pienso. Esto que pienso y que no siento, porque el sentir se me olvidó a la vuelta de un invierno rencoroso que no deja de escaparse en las postales.

Va siendo hora de que tu caderas se apiaden de mis ojos insolentes y con un soplete de verdades arrases con toda mi esperanza. Atrás ya hemos dejado más de cien deshielos glaciares debajo del satén de tus braguitas naranjas, y atrás recogimos las mentiras que cultivamos entre verdades engañadas.

Ahora vendrá el tiempo y su puta prisa a azuzarme con abanicos de jazmín, mientras mis dedos bajo tu falda buscan arrancarle una vergüenza desvergonzada a tus labios de piel salada. Vendrán los vendavales grises y llorosos de un Buenos Aires lejano a cortar los ventanales de mi alcoba empapada de recuerdos olvidados.

Entonces el aire se convertirá en humo y los pecados serán descuidos ocasionales. Entonces el sumario judicial dictaminará que tus daños siempre fueron mis daños colaterales. Se encontrará un culpable inocente y el ritmo eléctrico de las noches se cortará las venas con el filo de las copas acabadas. Se romperán las letras, entonces las letras quedarás rotas.

Abrázame Carmela, regálame esta noche exagerada tan sólo un ratito, en lo que se me va muriendo la madrugada.

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