28 abr. 2011

Lluvia repentina

Nunca he sido bueno en esto de elegir el momento para no dejar de ver el color de tus fotos. El intento de un "no quiero", que siempre se convierte en un "nunca pasará una próxima vez...", me persigue por cada una de las cuatro esquinas de mi cuarto a oscuras.

No, tampoco soy perfecto conquistando el terreno de tus recuerdos, ocupando el oxígeno que respiras, distrayendo tu despistada distracción con los juegos malabares del viento, siendo la lluvia repentina que te hace mirar al cielo y abrir la boca.

Y quizás, es que nada es porque nada ha de ser después de que nada viniera esta noche a vernos. Y puede que tenga razón el silencio de la canción, o incluso el sonido de nuestro propio silencio. Y es que puede ser que no haya luz detrás de estas persianas que condensan el tiempo lento que nunca hubimos de tener. Y quizás es que todo carece de sentido porque sólo una noche tuvo sentido después de aquella sensación de conocernos sin conocernos...

Es cierto, no voy a negarlo, no te digo la verdad cada vez que digo que no te estoy mintiendo. Y como siempre me volveré a perder entre la gente una noche más, y como siempre tu mano no volverá a coger la mía y mis dedos jugarán con aquella amarga sensación de ganarle el pulso a tus dedos.

Y como siempre...nunca volverá a ser ayer. Porque nunca ha sido siempre, porque siempre es siempre nunca...Y yo seguiré sentado al borde del camino viendo pasar mis pasos, esperando el tiempo de los recuerdos, soñando con que se cumpla lo pasado...pero como siempre, nunca ha sido siempre...y tus ojos se fueron, y mis labios se han secado.

1 comentario:

  1. Es curioso como nos empeñamos tanto en borrar la palabra siempre de nuestro vocabulario, en no creer en las historias cotidianas y en vivir sin ir más allá que lo que cada día puede mostrarnos. Ahora nos la juegan sin dejarnos olvidar, sin poder parar de sentir, demostrándonos que un siempre es más probable que un nunca.

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