13 feb. 2010

Incombustibles palabras

Llegó la noche y todo se volvió negro en mis pupilas. Entonces me tumbé sobre la arena húmeda por el aire enamorado de las olas del mar y conté 300 estrellas. No quise contar más, 300, no quise contar menos, tan sólo 300.

Llegó la noche y con ella su oscuro silencio, silencio que no se rompió con las olas, silencio que no se rompió ni con el tiempo, silencio que tan sólo duró lo que 300 estrellas duraban entre mis dedos.

Llegó la noche y no quise más que contar 300 veces el brillo de las bombillas del cielo. Simplemente llegó la noche, simplemente pasó eso, 300 estrellas y todo estaba en silencio.

Aguante 300 estrellas sin hablar, 300, ni una más, ni una menos. Aguante los nervios entre mis labios, aguante las ganas, aguanté hasta el miedo. Fueron 300 estrellas de verano las que conté, 300 estrellas en silencio.

Y después de 300 estrellas me reí, y tu conmigo, y nuestras risas acompañaron al viento. Y nos reímos sin parar hasta que paramos el aire entre nuestros cuerpos. Después de 300 estrellas las palabras se nos iban, y los acordes de las canciones nos iban recordando que nos recordaríamos cada invierno. Después de 300 estrellas todo estalló, después de 300 estrellas en silencio.

Y todo pasó, y todo lo que pasó siguió siendo sueño. Después de que contase 300 estrellas, 300 estrellas en silencio.

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